todo tiene una razón de ser
Hace un par de semanas leí en un periódico local una nota que hacía referencia al nivel de felicidad con que viven los ciudadanos de distintos países. Mencionaba que la gran mayoría de los mexicanos, a pesar de las obvias carencias y demás presiones a que estamos sujetos, vivimos felices.
Ahora bien, la mayoría de la gente común utiliza transporte público, por necesidad o por gusto. Es imposible que los sistemas de transporte colectivo sean suficientes en las horas denominadas pico, aunque al parecer aquí las horas pico van de las 6 a las 9 horas y de las 14 a las 18 horas, ante tal incapacidad se suscitan aglutinamientos, que ocasionan que desde muy temprano la gente luche físicamente por un lugarcito en el metro o en el micro, no solo eso, sino que desde las 6 horas de cualquier día, de lunes a viernes, entre tanto forcejeo por un espacio, y con tanta y tanta gente acomodándose, es inevitable que la mano del uno se pose sobre la cadera de la otra, el pecho de una se recargue en el brazo del otro, la pierna de uno roce la pierna de la otra y mucha veces las áreas púdicas quedan deliciosamente adheridas a la superficie corporal de alguien más, mientras todo esto sucede, las personas implicadas solo expresan cara de desconocimiento ante los hechos y de fastidio claustrofóbico y máximo deseo de salir, cuando lo último que quieren es que el vagón se detenga en su estación destino.
Es por eso que el Sr. Pérez llega tan contento a su trabajo, es por ello que la Srita. González gusta de viajar siempre parada en el metro, aunque sean más de 10 estaciones, es por eso que el joven Gutiérrez siempre lleva esos pants por la mañana y es por eso que las primas Martínez decidieron subirle la bastilla a la falda del uniforme.
Ahora bien, la mayoría de la gente común utiliza transporte público, por necesidad o por gusto. Es imposible que los sistemas de transporte colectivo sean suficientes en las horas denominadas pico, aunque al parecer aquí las horas pico van de las 6 a las 9 horas y de las 14 a las 18 horas, ante tal incapacidad se suscitan aglutinamientos, que ocasionan que desde muy temprano la gente luche físicamente por un lugarcito en el metro o en el micro, no solo eso, sino que desde las 6 horas de cualquier día, de lunes a viernes, entre tanto forcejeo por un espacio, y con tanta y tanta gente acomodándose, es inevitable que la mano del uno se pose sobre la cadera de la otra, el pecho de una se recargue en el brazo del otro, la pierna de uno roce la pierna de la otra y mucha veces las áreas púdicas quedan deliciosamente adheridas a la superficie corporal de alguien más, mientras todo esto sucede, las personas implicadas solo expresan cara de desconocimiento ante los hechos y de fastidio claustrofóbico y máximo deseo de salir, cuando lo último que quieren es que el vagón se detenga en su estación destino.
Es por eso que el Sr. Pérez llega tan contento a su trabajo, es por ello que la Srita. González gusta de viajar siempre parada en el metro, aunque sean más de 10 estaciones, es por eso que el joven Gutiérrez siempre lleva esos pants por la mañana y es por eso que las primas Martínez decidieron subirle la bastilla a la falda del uniforme.
Es lo anterior un ejemplo de cómo el mexicano le saca provecho incluso a los momentos más apretados en sentido literal de la palabra.


2 Comments:
jjaja!! buenisimo tu post, y muy real. Muchos fans del transporte público te ovacionarán, seguro....al que llega de pants en la mañana y a las primas de la bastuilla alta, seguro les dará un poco de pena...
3:50 PM
je' es más común de lo que pensamos, lo juro.
7:24 AM
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